Ecología Emocional

Ecología Emocional

Ya lo decía John Muir “cuando tratamos de aislar cualquier cosa, nos damos cuenta de que está ligada a todo lo demás en el universo”.

Siempre he sentido que esto es así, y si bien, siempre he intentado actuar conforme a esta máxima.

Me había esforzado por llevar una vida sostenible, intentaba limitar al máximo mi producción de residuos, sobretodo de plástico. Reciclaba al máximo y trataba de ser coherente con lo que para mí es una vida respetuosa con el medio ambiente.

Hasta compraba productos de limpieza ecológicos en Stocknetvalles, una tienda de productos de limpieza online en la que resultaba muy sencillo encontrar todos los productos de limpieza ecológicos que necesitaba.

Una de mis mejores amigas admiraba que viviera mi vida según mis valores, pero no dejo de recordar el día en que uno de sus comentarios hizo que me replanteara las cosas.

Le pedía consejo sobre cómo gestionar una situación que había ocurrido en mi trabajo con una compañera y ella me señaló, con mucho acierto, que todo mi esfuerzo para cuidar lo de afuera debería de ser el mismo que a la hora de cuidar mis propias emociones.

Fue así, gracias a este revelador comentario que abrí los ojos a mi mundo interno. Empecé a ser más consciente de mis propias emociones y descubrí la “Ecología Emocional”.

Los Principios de la “Ecología Emocional”

En efecto, todo mi trabajo y esfuerzo para ser responsable y coherente con aquello en lo que creía me generaba mucho bienestar, pero este no era completo, ya que no había entendido lo importante que es también cuidar de tu “mundo interior”.

Al final, se trata de un trabajo en equipo, mente y emociones trabajando juntos. Así, el concepto “eco” hace referencia a la importancia de que ambas vertientes trabajen integradas para que nos muevan a efectuar acciones de mejora en nuestra persona y en los sistemas humanos y sociales en los que nos encontramos inmersos.

Ecología en el mundo natural, pero también una ecología en el mundo de las abstracciones mentales.

Esta “Ecología Emocional” distingue entre diferentes principios para ofrecer una guía que nos ayude a reconducir de forma saludable nuestro mundo emocional.

Tenemos el Principio de Unicidad, que afirma que no podemos existir prescindiendo de los demás.

El Principio de la Realidad, según el cual la realidad no es como nosotros deseamos que sea, sino más bien como en por los cambios que se producen cuando tomamos conciencia de ello.

El Principio de Libertad considera que para elegir adaptativamente debemos de poner en juego nuestra capacidad de discernimiento y otorgar a cada una el valor moral y emocional que corresponda.

El Principio de Responsabilidad nos ayuda a asumir la responsabilidad al 100% en lo que se refiere a lo que depende de nosotros y todo aquello que podemos controlar.

El Principio de Prevención considera la importancia de una óptima gestión emocional que debe aplicar la prudencia, una visión anticipada a las situaciones que vivimos con el fin de que nuestra conducta se oriente a crear y aportarnos el mayor bienestar posible.

Así, por ejemplo, con las diferentes experiencias aprendemos a identificar esas “señales de peligro”, una afinada intuición que nos ayuda a prevenir situaciones que pueden dar lugar a situaciones futuras estresantes o desagradables y elegimos no seguir esa dirección o esa relación concreta.

Después también se encuentra el Principio de Sostenibilidad que señala la necesidad de usar de forma equilibrada nuestra energía, de modo que nuestras ideas y emociones fluyan sin problema, libres de bloqueos. Así, las experiencias que vivimos, conocimiento y sabiduría que vamos adquiriendo nos ayudarán a mantener y crear relaciones basadas en la solidaridad y la reciprocidad.

Junto con estos, el Principio de Crecimiento Paralelo que indica que el equilibrio o desequilibrio interno se ve reflejado en las relaciones que mantenemos con nuestro entorno. Así, si te relacionas bien contigo mismo también tienes la capacidad de hacerlo con los demás.

El Principio de la Coherencia que nos ayuda a llevar una vida donde aquello que decimos se corresponde con lo que pensamos y se ve reflejado en nuestras acciones. Este principio es parejo al Principio de Acción, ya que actuar con coherencia con nuestros valores personales también nos alinea en el camino de un mayor bienestar.

Por último, el principio de conservación que nos alienta a preservar el estado existente a ser perseverantes y atentos a lo que ocurre en nuestro entorno, así como entender que todo cambia al mismo tiempo.

En definitiva, se trata de aprender a ser responsables no solo con el Planeta Exterior sino también con el Interior, estableciendo los evidentes paralelismos entre ambos.