Nada es imposible

Nada es imposible

Hace apenas unos años, yo era un joven con miles de sueños y con un porvenir ya casi trazado: quería ser jugador de baloncesto profesional e iba a luchar duro para poder conseguirlo. Llevaba de hecho practicando este deporte desde los cinco años y había sido seleccionado hacía unos cuantos meses para formar parte del equipo español de segunda división de mi ciudad natal. Además, llevaba unos meses saliendo con una chica que había conocido durante mis últimas vacaciones en el pueblo y de la que estaba muy enamorado.  Yo era feliz, la vida me sonreía y me sentía por todas esas bonanzas una persona muy afortunada… hasta aquella noche de diciembre en la que un coche me golpeó cuando iba circulando por la carretera que unía el pueblo de mi novia a mi ciudad, de regreso a casa tras un fin de semana extraordinario justo cuando dentro de dos días iba a empezar un torneo de baloncesto a nivel provincial… A día de hoy, cuando me vienen esos duros recuerdos, todavía me estremezco y me entran escalofríos al recordar todo lo sucedido. Pues, tras este accidente me he quedado tetrapléjico…

No obstante, y a pesar de mi desgracia creo que no hubiese obtenido ante los juzgados y los tribunales la prestación de incapacidad que me correspondía en realidad si no hubiese sido gracias a la gran labor realizada por el abogado experto en incapacidad total del bufete de abogados Durán & Durán, quien me asesoró y acompañó en todo momento con mucha empatía y un saber hacer increíble para que yo percibiera la prestación que me correspondía en función de la patología que había sufrido. Este extraordinario abogado luchó, en efecto, de todas sus fuerzas para que mi incapacidad total reflejase exactamente la lesión que había sufrido para que mi cobertura fuera íntegra. De ello, le seré de por vida agradecido puesto que gracias a la indemnización que percibí y a la prestación que percibo en la actualidad, puedo llevar una vida más o menos normal y placentera a pesar de mi discapacidad total.

Mi “otra” vida tras mi tetraplejia

¡Fue un golpe muy duro en todos los sentidos tanto para mí como para mis seres queridos! Después del accidente estuve muchos meses hospitalizado y luego más de dos años en reeducación. A lo primero, no quería seguir viviendo. Quería morirme porque para mí vivir de esa forma no era vivir. Todos mis sueños se habían esfumado y con ellos el de ser un gran deportista. Sin embargo y dentro de mi desgracia, tuve la sorpresa de constatar que mi novia, a pesar de mi nueva situación, no huyó como pudo haberlo hecho sino que se quedó a mi lado para apoyarme en todo y animarme. Creo que sin ella y los míos, mi vida hubiera sido muy distinta. Me sentía querido y por ello debía luchar. ¡Y así fue! Las cosas no fueron en absoluto fáciles, pues hay que saber que la tetraplejia es un estado de parálisis que afecta a las cuatro extremidades.

Con lo cual, sostener un vaso, acariciar, jugar al balón, caminar, bailar y tantas otras cosas más no iba ya a poder realizarlas… La lesión había afectado mi médula espinal y la transmisión del influjo nervioso no se podía ya realizar a nivel de las raíces nerviosas situadas por debajo. Lo cual, representaba una tremenda discapacidad puesto que a partir de entonces iba a tener que ser dependiente para todas las actividades de la vida diaria. ¡Ello me era insoportable! Pero mira tú por donde, fue entonces cuando en todas las pantallas de los cines se proyectaba la película francesa “Intocable”, un film que narraba la increíble amistad entre un aristócrata tetrapléjico multimillonario y su cuidador negro, un joven de los suburbios parisinos ratero y vividor.

Estas dos historias paralelas de superación de los dos protagonistas unidos por una improbable amistad, me impactaron mucho y fue el principio de mi cambio: empecé a partir de ahí a ver la vida bajo otro ángulo… En la actualidad, soy feliz con mi novia. Gracias al abogado experto del bufete de Durán y Durán Abogados que reclamó la incapacidad total que verdaderamente me correspondía, cualquier eventualidad de dependencia que pueda sobrevenirme a mí o a los míos está cubierta. Con lo cual, y a pesar de mi tetraplejia, puedo vivir con serenidad y desahogo mi nueva vida y mirar hacia el futuro sin temor. De hecho, he vuelto al deporte, pero claro está inclusivo –lo que significa adaptado– y poco a poco voy recobrando ciertas sensaciones y confianza en mí mismo. Eso es muy importante y me hace decir que nada es imposible aun sufriendo de incapacidad total si uno está bien rodeado, apoyado y querido.