Combatir las filtraciones, una posibilidad real

Son muchas las cuestiones que los empresarios y gestores de una empresa pasan por alto en cuanto a la actividad a la que se dedican. Por desgracia, muchas de esas cuestiones suelen traer verdaderos problemas, que pueden llegar a ser irreparables si no se es capaz de erradicarlos a tiempo. Este tipo de actuaciones debe copar un lugar importante dentro de la agenda de los mandamases si se quieren evitar consecuencias negativas.

No obstante, esta serie de problemas suele permanecer a nuestro lado de manera oculta, sin manifestarse. Por eso debe ser la propia dirección de la entidad la que tenga la iniciativa para detectarlos y poner todos los medios a su alcance para eliminarlos. La filtración de información a la competencia o el desvío de fondos por parte de alguno de nuestros trabajadores suelen copar este ránking de “jugarretas a las espaldas”.

Hace cuatro años llegué, tras muchos años de esfuerzos y sacrificios, a la dirección de una empresa dedicada al desarrollo de aplicaciones web y móvil. Cumplía entonces un sueño porque veía cómo mis propuestas de negocio iban a tener cabida dentro de la actividad de la compañía y porque mi cuenta corriente notaba una diferencia brutal. Pensaba que mi calidad de vida aumentaría estratosféricamente. Sin embargo, en cuanto empecé a descubrir a lo que de verdad me enfrentaba asumiendo un puesto de tanta responsabilidad, me di cuenta de que ser director no iba a ser una tarea precisamente fácil.

En la empresa estaban pasando cosas que tenían una difícil explicación. Una de ellas era que muchos de los desarrollos de aplicaciones en los que trabajábamos eran finalizados con anterioridad por las empresas de la competencia, algo que nos hacía perder cada vez más dinero y que suponía un auténtico varapalo de cara a nuestras posibilidades de expansión comercial y empresarial.

En el Consejo de Administración lo teníamos bastante claro: era demasiada casualidad que precisamente los mismos avances que experimentábamos nosotros con nuestro trabajo fueran los que utilizaran otras empresas para conseguir desarrollar las mismas aplicaciones en las que centrábamos nuestros esfuerzos. Era evidente que alguien de nuestro entorno estaba filtrando información a la competencia y era nuestro deber descubrirlo y denunciarlo. El futuro de la entidad dependía de ello.

Castellana Detectives, nuestra última esperanza

Contratar un buen detective privado era la mejor solución para combatir el problema. Fue por ello por lo que, al aprobar esta medida, en el Consejo se puso el nombre de Castellana Detectives sobre la mesa. Uno de los ejecutivos de la compañía aseguraba que se trataba de una entidad eficiente y que solía cerrar sus casos con un índice de éxito importante. Parecía ser una alternativa realmente seria para nuestro caso.

Decidimos contactar con ellos y nos atendieron rápidamente, tal y como demandaba la situación de nuestra empresa. Lo primero que nos preguntó uno de los detectives fue si existía alguien de quien desconfiáramos en nuestra plantilla. Entre varios de los directivos llegamos a la conclusión de que existían tres personas de las que no nos terminábamos de fiar: Rodrigo, Álex Enrique y Rubén.

Desde Castellana Detectives decidieron empezar por ahí. Por eso comenzaron a realizar diferentes pesquisas para esclarecer el asunto. Como teníamos que evitar cuanto antes el continuo flujo de información entre el espía y nuestra competencia de cara a salvar la mayor parte posible de nuestro trabajo, se destinaron varios equipos a cubrir los pasos de cada uno de ellos. El objetivo era conocer con quién se reunía fuera del trabajo o si realizaba algo fuera de lo normal.

Hubo premio en uno de los tres casos. Según los informes de los profesionales de Castellana Detectives, Álex Enrique estaba reuniéndose cada dos días en un restaurante poco conocido de nuestra ciudad con uno de los miembros de la competencia, que por otra parte ya le había ofrecido un contrato indefinido para cuando nuestra empresa se arruinara.

Teníamos pruebas más que de sobra para acusar a Álex Enrique ante un tribunal, algo que por supuesto llevamos a cabo. Él y nuestra competencia fueron sancionados gravemente y, a partir de entonces, las aguas volvieron a su cauce en lo que a nuestra empresa se refería.

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